Tras el enunciado un tanto trágico se esconde una realidad que a todos nos afecta en mayor o menor grado. Todos hemos sido niños y jóvenes con sueños y expectativas, algunos incluso han tenido claro desde siempre cuál era su vocación profesional, pero sólo un pequeño porcentaje ven cumplidos sus “sueños”

Nace un sueño

¿Desde cuándo tenías clara tu vocación? Puede que tu objetivo haya estado siempre presente, o puede que hayas llegado a él a través de una serie de experiencias y decisiones que te han hecho ver la famosa luz al final del túnel. Ese sueño al principio es emocionante y maravilloso, tienes claro que quieres alcanzarlo y te propones poner toda la carne en el asador para lograrlo.

No hay nada más estimulante que el “subidón” de motivación que tienes en esta primera etapa. Sabes más o menos el camino a seguir y la meta final te parece lo suficientemente importante en tu vida como para dar el 100% de ti.

El camino

Sin motivación no hay movimiento, y tú ya sabes en qué dirección debes dirigir tus acciones. Eliges la formación y los contactos adecuados para emprender el viaje y puede que empieces a toparte con los primeros escollos, pero sigues adelante convencido de la decisión que tienes tomada.

La meta que nunca llega

¿Tienes la sensación de que siempre estás uno o dos pasos por detrás de lo que tú aspirabas a llegar? Pues de esa “tragedia” viene la catarsis del profesional. Aquella persona a la que no le llena su situación actual, y puede que no tenga nada que ver con su puesto actual, puede que tenga un empleo estable, reconocido y hasta bien remunerado, pero que en su interior no está cómodo con lo conseguido. Pero este sería el menos “grave” de los casos. Hay gente que no tiene empleo o que su profesión está varios escalones por debajo de su aspiración. Aquí pueden entrar mil y un factores, realidad social y económica, situaciones personales o familiares que trastocan por completo tus planes…  El resultado para todos es el mismo, insatisfacción profesional ¿Qué hacemos?

Sobre el pasado y el presente construimos nuestro futuro, ¿por qué no soñar a lo grande? No podemos ganar esta batalla si no hacemos el intento. Es muy probable que nos equivoquemos una y otra vez, pero tirar la toalla no debería ser una opción.